
Que te miren a los ojos y que te digan: “quiero beber de tu copa”, aparentemente: seducción. Todo se complica cuando quien le dice “quiero beber de tu copa” no es una persona delante de otra, sino que es una pestaña a la otra.
Cada una con su copa, observando el mundo desde este camuflado punto de vista, escondidas detrás de su gran cocktail, las dos pestañas bebían a sorbitos de su copa. El problema fue el dia que decidieron intercambiárselas, probar una la copa de la otra, y perdieron horas y horas intentando llegar, poniéndose del revés, parpadeando a máxima velocidad para al final, sin éxito, acabar tirando los cocktails por encima del vestido de Laura. Y es que los cocktails salieron disparados hacia adelante de tanto pestañear, perdiéndo así, no solo todo su preciado contenido, sino la amistad entre pestañas.
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