Que el fin del mundo nos pille fregando

Si Madonna fregando el suelo es la imagen de la nueva mujer aliberada... ¡que el fin del mundo nos pille fregando!

¿Somos un cuerpo o tenemos un cuerpo? No entraremos ahora en cuestiones teológicas pero es como para pararse a pensar. Hoy no haremos grandes reflexiones y os dejaré con algunas imágenes que nos hacen pensar.

Y es que a veces lo más obvio lo tenemos delante de nuestros ojos. La publicidad de las grandes firmas que llena nuestras ciudades y que estamos cansados de, consciente o inconscientemente ver, no deja de representar el mismo patrón esterotipado de mujer que tenemos en la cabeza: mujer objeto, mujer para ser observada, mujer como cuerpo portador de unas prendas que admirar, (pero no admirarla a ella), mujer como objeto de deseo… ¿Hace falta seguir?

Mientras que el hombre se ha relacionado siempre con lo puramente intelectual y con la razón, la mujer se ha vinculado a lo más salvaje y animal: lo irracional, lo físico: el cuerpo.

La mujer Dior expuesta a ser observada. En color rojo, color que está demostrado que despierta más pasiones de lo normal...

De esta manera, las fotografías de mujeres dominadas por hombres predominan (¿y gustan?) a nuestra sociedad, donde al fin y al cabo es él quien tiene el poder. Firmas como Dolce Gabbana, Moschino o Dior, para poner algunos ejemplos, nos traen esta imagen de la mujer: la mujer que se sostiene gracias al hombre, que es admirada sí, como una diosa, pero que si ellos la dejan caer, cae.

Hombre sujetando a mujer: título literal de la imagen.

La mujer deja de ser mujer para convertirse en símbolo: en este caso los hombres admiran y sostienen la imagen de América, mientras que ella (y su vestido refuerza la imagen) sirve únicamente de florero.

El hombre tal y como es. La mujer mostrando el vestido, sirviendo de percha.

Pretty (erotic) woman.

La moda es un fenómeno social que nace de un doble movimiento: nos iguala y nos diferencia. El juego de la seducción: la moda seduce con su mercancía, sus objetos nos poseen con atributos que realmente no pertenecen a la categoría de objetos sinó que son cualidades de las personas. De la misma forma, el vestido nos expone a una transformación constante, hecho que hace que vestirse se convierta en una negociación a diario con el sistema de la moda.

Nuestra educación hace que sepamos cómo vestirnos según nuestra clase, nuestro género y nuestr protocolo. Así pues la moda se convierte en un lenguaje de comunicación no verbal, puesto que implica siempre un observador a través del cual somos interpretados, pues es evidente que a través del cuerpo nos relacionamos.

A lo largo de los siglos el cuerpo de la mujer se ha mostrado como aquello “deseable”, convirtiéndola en objeto, mientras que el rol del hombre ha sido el de definir a la mujer en relación a él, es decir sujeto: quien hace la acción.

El vestido que camufla el cuerpo natural de la mujer nos lleva hasta Eva: la culpa y el pecado. Por miedo, por temor al cuerpo femenino, el hombre lo ha camuflado. Y de aquí hasta las princesas de Disney de hoy que siguen transmitiendo los mismos valores arcaicos y pasados de moda a las niñas. Hecho que hace que hoy en día ser rubia, delgada, ária o alta sean las preferencias de las jóvenes y mujeres, sino que también lo son de las niñas

De este modo, desde bien pequeños ya sabemos y nos viene marcado el papel de cada uno: los niños azul, las niñas rosa. En el cine, en la tele, en el teatro: las niñas princesas y los niños héroes. Vemos la anécdota de Rapunzel (nombre de la princesa y título de la película de Disey) que cambió su nombre por “Enredada” para aumentar las ventas puesto que los niños se negaban a ir a ver una película “de niñas” o de princesas. En la mayoría de obras para niños y adolescentes, la chica es débil, frágil, tiene el papel pasivo y espera la salvación de su principe azul.

Rapunzel: imagen de la película

Pero también empiezan las niñas a buscar su camino, y así, personajes más masculinos, más activos como el de Hermione en Harry Potter, se convierten en los nuevos modelos para ellas, dejando atrás las Cienicientas. Y es que la sociedad cambia y con ella sus valores: la mujer ahora trabaja, empieza a tener su propia economía, a no ser dependiente de nadie. Algunas marcas como Vivienne Westwood, Céline, Prada o Chanel han intentado ya empezar a liberar la mujer para convertirla en independiente. ¿Se sumarán a la idea todas las marcas, o seguiremos viendo a princesas en las pasarelas? Muy distinta es la imagen de January Jones desnuda para Versace, marca que fomenta la mujer objeto al 100%: ole y ole!

January Jones naked para Versace

Vivienne Westwood Verano 2011

La mujer florero empieza a estar ya pasada de moda pero sin embargo la mujer empieza a aprovecharse de una nueva arma, ya sea para conseguir trabajo o para llegar a cualquier fin: el capital erótico. Según la socióloga Catherine Hakim, el capital erótico, que puede ser innato pero también se puede adquirir, lo forman la elegancia al vestir, el sentido del humor o el ser atractivo. Según las tesis realizadas por Hakim, ser atractivo ayuda a ganar más dinero, a ser más valorado. ¿Es entonces legítimo usar la belleza para avanzar en el trabajo? Bien cierto es que los hombres se reúnen en el gimnasio o jugando al golf…

Es cierto que el más puro feminismo anglosajón condenaría el uso del capital erótico, mientras que los feminismos mediterráneos no lo harían nunca, sostiene Hakim. Estamos de acuerdo: aquí nadie diría no a unas piernas bonitas en la oficina. Así vamos.

Sin embargo mujeres y niñas, nadie dice que no querría tener un buen marido o  ser Pretty Woman por un día. ¿Dónde estan los valores de la mujer, la ética y la moral? Presiento que vamos un poco perdidas…