
Si Madonna fregando el suelo es la imagen de la nueva mujer aliberada... ¡que el fin del mundo nos pille fregando!
¿Somos un cuerpo o tenemos un cuerpo? No entraremos ahora en cuestiones teológicas pero es como para pararse a pensar. Hoy no haremos grandes reflexiones y os dejaré con algunas imágenes que nos hacen pensar.
Y es que a veces lo más obvio lo tenemos delante de nuestros ojos. La publicidad de las grandes firmas que llena nuestras ciudades y que estamos cansados de, consciente o inconscientemente ver, no deja de representar el mismo patrón esterotipado de mujer que tenemos en la cabeza: mujer objeto, mujer para ser observada, mujer como cuerpo portador de unas prendas que admirar, (pero no admirarla a ella), mujer como objeto de deseo… ¿Hace falta seguir?
Mientras que el hombre se ha relacionado siempre con lo puramente intelectual y con la razón, la mujer se ha vinculado a lo más salvaje y animal: lo irracional, lo físico: el cuerpo.

La mujer Dior expuesta a ser observada. En color rojo, color que está demostrado que despierta más pasiones de lo normal...
De esta manera, las fotografías de mujeres dominadas por hombres predominan (¿y gustan?) a nuestra sociedad, donde al fin y al cabo es él quien tiene el poder. Firmas como Dolce Gabbana, Moschino o Dior, para poner algunos ejemplos, nos traen esta imagen de la mujer: la mujer que se sostiene gracias al hombre, que es admirada sí, como una diosa, pero que si ellos la dejan caer, cae.

Hombre sujetando a mujer: título literal de la imagen.

La mujer deja de ser mujer para convertirse en símbolo: en este caso los hombres admiran y sostienen la imagen de América, mientras que ella (y su vestido refuerza la imagen) sirve únicamente de florero.

El hombre tal y como es. La mujer mostrando el vestido, sirviendo de percha.
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