cuento n.4: Balenciaga

“Desalienta la imitación, crea en secreto, en silencio, en calma, una indumentaria inaccesible”. GGmoda. François Baudot.

“La forma en que el traje se adapta al cuerpo resulta casi dramática”. Suzy Menkes.

“Balenciaga fue el emperador de la moda”. Paco Rabanne.

21 de enero de 1895: nace Cristóbal Balenciaga en Guetaria, País Vasco, el gran arquitecto de la moda, que ya de pequeño empezó a seguir los pasos de su madre, costurera, en Guipúzcuoa.

En 1917 creó su primera casa de costura, con solo 16 años. C.Balenciaga, que en un año más tarde pasaría a llamarse Balenciaga y Cia. Su principal admiradora fue la marquesa de Casa Torres, quien, seducida por el talento de aquél joven que quiso provar suerte dentro del muno de su madre, le dió su primera gran oportunidad. Hasta que en 1924 Balenciaga sería Balenciaga sin cías ni otros: él y él mismo trabajando para la casa real y subiendo su reputación hasta la llegada de la II República, momento en que perdería su principal clientela. Mientras que en España su firma se conoció con el nombre de Eisa, nombre que no se relacionaba tanto con la casa real, en Francia Balenciaga pudo seguir siendo Balenciaga, así que con estos dos nombres siguió defendiendo su estilo.

Balenciaga creó un estilo basado en la herencia española; la austeridad de Felipe II, la sobriedad de la indumentaria religiosa y las tradiciones culturales, elementos que muy pocos diseñadores han aprovechado hasta el momento.

Sus piezas buscan el volumen, crean siluetas y curvas que pueden o no coincidir con el cuerpo de la mujer, formas que se adaptan a cualquier tipo de mujer (si pensamos que trabajaba para la casa real y no para modelos, vemos que sus “figurantes” no eran precisamente “El canon”: la mujer Balenciaga no era ni bella ni perfecta al 100%, ni tenía la necesidad de serlo. Sus prendas 3/4 podían sentar bien a todo tipo de mujer.

La tradición que lo inspiró se ve también en la influencia del arte español en sus piezas: obras de Velázquez, como las mismas Meninas, o los majos, los toreros, los terciopelos o volantes de Goya, o la religiosidad de Zurbarán quedan plasmados en los vestidos de Balenciaga, que revisó los elementos folklóricos españoles como nadie había hecho antes: los colores de la tierra, los púrpuras de la iglesia, fueron algunos de sus colores clave, pero si se le puede relacionar con algún color es sin duda con el negro. Su primer vestido negro aparecería en 1940 y nunca más saldría ya de sus colecciones.

Magdalena Penitente, de Francisco de Zurbarán: gran parecido en las capas y pliegues de Balenciaga

En sus colecciones, son dos los modelos que nunca pueden faltar, y uno de ellos es la prenda en negro. El otro, una pieza impermeable.

Sus formas se opondrán claramente a su rival Dior, y mientras éste triunfaba con su New Look cintura de abeja, Balenciaga lanzó la línea Barril, nada más opuesto, menos acogido a nivel económico pero más acogido a nivel mediático, puesto que fue realmente más innovador que el propio Dior, que solo “re”diseñó lo ya creado.

Sus referentes.

Chanel por su comodidad, la lógica y la estructura de los vestidos, y Vionnet por la forma y el volumen, fueron dos de sus principales referentes.

Su estilo

– Las prendas 3/4 y su obsesión por las mangas, también 3/4, mangas kimono, que nacieron con y para la mujer con guantes.

– La caída: la mujer se convierte en una percha que sostiene las gruesas capas y volúmenes: la chaqueta larga y la falda acampanada rematadas en la línea tonel de 1942.

– Día/noche: la diferencia entre dos estilos: cómodo y práctico durante el día y vestidos delicados y volumétricos por la noche.

– Línea Barril y Línea Saco: dos siluetas sofisticadas, innovadoras y distintas que triunfaron.

– Cuello Balenciaga: pequeño cuello vuelto.

Cabe destacar también su estrecha relación con Givenchy desde 1953, con quién empezará una bonita historia de amistad, consejos y soirées compartidas. Mas a pesar de esta relación, sus relaciones con la prensa, la publicidad y el público no fueron siempre tan amables. En 1956 Balenciaga no se prensentaba ante la prensa, y preocupado por la copia de sus diseños (nada más alejado de Chanel), decidió solo dejar ver a la prensa sus colecciones un mes después de haberlas estrenado. También Givenchy, fiel compañero, lo siguió en esta iniciativa, y ambos dejaron de lado a la prensa extranjera, que la hacían volver a sacar sus notas y hacer sus fotos un mes más tarde, hecho que duró hasta los años 60.

A partir de los años 60 Balenciaga se volvió más minimalista, mongil y depurado. Una silueta abstracta, que no revela el contorno del cuerpo, y una forma más escultórica. En 1968, se retiraba.

Balenciaga nunca quiso hacerse publicidad, nunca le hizo falta, y solo concedió en 1971 su única entrevista, un año antes de morir. En 1997, la marca, que aún seguiría en manos de su família, llegaría a Nicolas Ghesquière, que llegó sin tener ni acceso a los archivos del maestro, y que siendo muy joven acogió la marca dándole lo mejor que pudo, recuperando las formas pero sin dejar de innovar. Jugando con las formas orgánicas, la pureza del corte y la libertad creativa, Ghesquière sigue los pasos de Balenciaga sin dejarse vencer por el gran peso de la tradición que acumulan sus “obras”.

Diseño Balenciaga, de Nicolas Ghesquière

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